El próximo jueves los sindicatos han convocado una huelga general, legítima, pero no viable. Son muchos los motivos que exhiben esos supuestos defensores de los trabajadores para llamar a tal paro y, tal vez no les falte razón, pero el modelo ya está más que agotado.
En España, el paro supera el 20% según las encuestas de población activa y, es evidente que, en esta situación, los que más tendrían que protestar, no lo pueden hacer por razones evidentes: directamente no trabajan. Y, aquellos que sí que lo hacen, al parar, favorecen todavía en mayor medida a sus empresas (en el caso de trabajar a cuenta ajena), pues acaban cobrando menos por la jornada perdida y, los autónomos, se perjudican a sí mismos.
Por tanto, ¿a quién creen los sindicatos que benefician con este tipo de huelgas generales? Claramente, a todos los trabajadores que pierden ingresos, pues al final, el coste de lo que se deja de producir, recae sobre los más desfavorecidos del sistema.
Inventemos otras formas de protesta. Los sindicatos deben renovarse y pensar. Es necesario reinventarse, porque ya no valen las medidas de presión del pasado. De esta forma, esperemos que los piquetes (individuos indeseables e impresentables) no intenten asustar a la población para secundar su paro, que no el nuestro. Sólo de esta forma, los ciudadanos podrán ejercer sus libertades individuales, sin sentirse acosados durante esas terribles 24 horas.
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