martes, 29 de julio de 2014

LOS ORÍGENES CONTEMPORÁNEOS DEL CONFLICTO EN ORIENTE MEDIO, 100 AÑOS DESPUÉS DEL COMIENZO DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL.

      Introducción.

No soy estudiante de historia. Ni siquiera he pensado nunca estudiar historia. Pero tengo que reconocer que, ni ahora, ni nunca ha sido posible entender en el mundo sin saber qué pasó. No es posible saber dónde estamos, si no conocemos nuestra procedencia. Y me atemoriza no saber dónde estoy. Tal vez por eso me gusta viajar y saber qué pasó en la tierra que estoy pisando. Lo que vais a leer es un rápido repaso histórico sobre lo acaecido en el último siglo en Oriente Medio, desde el concepto global del mismo, es decir, los actuales territorios de Turquía, Líbano, Palestina, Israel, Egipto, Siria, Irak, Arabia Saudí, Yemen, Omán, Emiratos Árabes Unidos y Jordania. Nos centraremos más en algunos territorios que en otros. Y lo hago para qué sepáis, o al menos, reflexionéis sobre lo que está pasando en la actualidad, y desde hace ya bastantes años en esos lugares, un polvorín desértico, lleno de petróleo y geoestratégicamente clave para el comercio mundial. Antes de comenzar esta historia, no olvidéis en el sistema económico en que nos hallamos inmersos: “lo más importante es el dinero, por encima de la humanidad” (aunque sin humanidad, no tiene sentido el dinero). Cogemos una máquina del tiempo. Vamos hacia atrás en la cuarta dimensión. Comenzamos.

El Imperio Otomano.

1914. El Imperio Otomano controla gran parte de Oriente Medio y la ribera este del mar Mediterráneo, que había conquistado el territorio en 1517. Como podéis ver en el mapa adjunto, ese imperio, cuyo centro político sería la actual Turquía (con capital en Constantinopla, actual Estambul) se extendía no sólo por toda la península de Anatolia, sino también por la costa este del mar Rojo y se adentraba en los actuales territorios de Irak, Líbano, Siria, Jordania y, por supuesto, de Palestina e Israel. El otro gran Estado de Oriente Medio era Persia (actual Irán), junto con Arabia, que ocupaba la mayor parte de la península arábiga.

Primera Guerra Mundial (1914-1918).

Cuando comenzó este terrible conflicto, conocido como “la guerra de trincheras”, caracterizado por la existencia de dos bloques enfrentados a nivel mundial y unos frentes de batallas tan amplios, que era imposible el avance, el Imperio Otomano estaba en horas bajas, estaba llegando su ocaso. En otoño de 1914, unos meses después de su detonante, los otomanos entran en la guerra. Pero, ¿en qué bando? La respuesta es clara: en el bando de los futuros perdedores; formaba parte de las conocidas como “Potencias Centrales”, entre las cuales estaba Alemania, el Imperio Austrohúngaro o Japón.

Llegados a este punto, es lógico plantearse la siguiente pregunta, ¿qué buscaban los otomanos al involucrarse en el conflicto? ¿Por qué decidieron ponerse del lado de las Potencias Centrales? Varias son las razones: en primer lugar, las relaciones comerciales, pues Alemania era uno de los principales socios económicos de los otomanos; en segundo lugar, Serbia y Grecia, enemigos de los otomanos desde hacía tiempo ya estaban en el bando de “Los Aliados”, y Rusia les apoyaba. Evidentemente, los otomanos nunca iban a estar en el mismo lado del campo de batalla que los griegos y fue esto, principalmente, lo que precipitó la decisión.

Hasta ahí habríamos justificado el por qué la elección de ese bando. Pero, realmente, ¿cuál fue el detonante? Podríamos señalar muchos, pero la principal motivación del Imperio Otomano en esta guerra era la de recuperar los territorios del este de Europa que había perdido durante el siglo XIX y dejar así la senda decadente que venía arrastrando.


Sin embargo, los otomanos no eran los únicos con fuertes deseos expansionistas. Desde tiempo atrás, la obsesión del Imperio Británico ha sido la de conquistar el mundo (de hecho, sólo 18 de los actuales Estados no han sido nunca conquistados por Gran Bretaña). Un poco más al sur, Egipto era un protectorado dependiente de Londres, desde 1882, trece años después de la puesta en funcionamiento del Canal de Suez, la más importante vía comercial entre Asia y Europa a través del Mediterráneo. Francia no se quedaba atrás y contaba con numerosas colonias. En definitiva, ambos querían hacerse con el control de la península de Anatolia y del resto de territorios otomanos, por ser una vía de comunicación y control clave entre Asia, África y Europa.

Conforme la guerra avanzó en numerosos frentes, la caída del Imperio Otomano se consumó y su territorio quedó reducido a lo que hoy es Turquía. Aquí entran en juego los “repartos” que tuvieron lugar en 1916.

Acuerdos Sykes-Picot (1916).

Fueron firmados en secreto entre el Imperio Británico y Francia el 16 de mayo de 1916. No era más que un reparto de los territorios de Oriente Medio en caso de obtener la victoria en la guerra. Rusia e Italia los aceptaron posteriormente y reconocieron la soberanía de estas zonas, que quedaron en manos francesas y británicas. Si tenéis interés, podéis leer el documento íntegro en http://en.wikisource.org/wiki/The_Sykes-Picot_Agreement

Os hago un breve resumen de cómo se dividían los territorios en esta época (y casi en todas, tristemente): se imprime un mapa del territorio, se señalan los lugares estratégicos y se dividen con regla, escuadra y cartabón. ¿Ahora podéis entender los conflictos que aparecen años después cuando se dividen las tierras donde viven personas de diferentes culturas así?

Proseguimos. Francia se quedó con el norte y, Gran Bretaña con el sur, ya que por temas comerciales y geoestratégicos le interesaba más, pues quedaba cerca de su protectorado egipcio, con continuidad geográfica.



Originalmente, Rusia participa en las negociaciones y pretende quedarse con un corredor que le daría entrada al Mediterráneo. Finalmente, Rusia acepta el control francobritánico que, como vemos en el mapa, presenta cinco zonas. El territorio marcado en marrón es Palestina, que queda en principio bajo control internacional hasta que, llegado el final de la guerra, en 1918, Gran Bretaña se hizo cargo de la soberanía de Palestina.

Declaración Balfour (1917).

Balfour era el secretario de las relaciones exteriores de Gran Bretaña en 1917, cuando se envió una carta a un líder de la comunidad judía de este país en la que se comprometía a crear lo que denominó un “hogar judío” en la “Tierra Prometida” (denominación de “Tierra Santa” para los judíos). Dicho documento fue apoyado por Estados Unidos.



Unos años más tarde, Gran Bretaña se dio cuenta del riesgo de inestabilidad que tendría “colocar” a árabes y judíos en territorios adyacentes. Realmente, a Gran Bretaña no le importaba que estos dos pueblos o religiones entrasen en guerra, sino las consecuencias de la misma en el control geoestratégico de la región: en otras palabras, a Gran Bretaña sólo le preocupaba que una guerra árabe-judía en la zona entorpeciera las actividades comerciales del eje de comunicación África-Asia-Europa, que ampliamente controlaban.

Periodo de entreguerras (1918-1936).

El mapa político de la región cambia de manera significativa. Por una parte, los territorios franceses se dividen en dos zonas para facilitar su gobernabilidad: Siria (al este) y Líbano (una pequeña franja costera, al oeste). La zona más oriental (kurda) es cedida para unirse con una región más meridional y británica, formando el actual Estado de Iraq.

Mientras, los británicos dividen también su territorio: al este queda Irak (que se une a la zona francesa del norte), al oeste Palestina y, en el centro, Transjordania (la actual Jordania), separada de Palestina por el río Jordán.


Revuelta árabe de Palestina (1936-1939).

Cuando Gran Bretaña tomó el control de esta región, la inmensa mayoría de la población era árabe (alrededor del 95%). Sin embargo, entre 1920 y 1935, gran cantidad de inmigrantes judíos llegaron a tierras palestinas de forma ilegal, representando en 1936 casi el 25% de la población. El gobierno británico no sólo no impedía la inmigración ilegal judía, sino que la publicitaba y, ante esta situación, líderes nacionalistas árabes llamaron a las revueltas contra los británicos, por propiciar lo que llamaban “invasión silenciosa” de sus territorios.

¿Qué atacaron los revolucionarios árabes? Evidentemente, su objetivo fue lo que más le doliera al Imperio Británico; en este caso, oleoductos, vías férreas u otros puestos de interés comercial. Sorprendentemente, ni el ejército británico, ni el francés intervinieron activamente en el conflicto, en parte porque se avecinaba la Segunda Guerra Mundial y debían concentrarse en la defensa de sus territorios europeos.

Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

En 1939, el Libro Blanco sobre Palestina, aprobado por el gobierno británico limitaba drásticamente la inmigración ilegal a territorios palestinos por parte de los judíos y dificultaba la compra de tierras, pero pese a la legislación puesta en marcha en el último momento, los judíos huían hacia Palestina cada vez de forma más masiva desde Europa, donde las tropas nazis avanzaban cada vez más, anexionándose nuevos territorios.


Abandono británico (1948).

Finaliza la Segunda Guerra Mundial, se crean las Naciones Unidas y, en 1948, Gran Bretaña decide abandonar los territorios palestinos, iniciando el descolonialismo. Ese mismo año, la ONU acuerda que el territorio palestino británico se dividirá en dos Estados, uno árabe y otro judío, que se repartirán a partes iguales. Además, Jerusalén quedará bajo control neutral de las Naciones Unidas, que se encargará de custodiar la zona.


             
Así pues, en mayo de 1948 los judíos proclaman la independencia del Estado de Israel. En cambio, los palestinos, que se sienten defraudados por las potencias colonialistas, no aceptan el acuerdo y le declaran la guerra al nuevo Estado israelí dos días después de la proclamación de su independencia, comenzando la guerra árabe-israelí de 1948. Tras el armisticio de 1949, Israel le arrebata territorio a la Palestina árabe y Transjordania se queda con Cisjordania. Por su parte, Egipto aprovecha la oportunidad para ejercer control sobre la Franja de Gaza, un pequeño terreno cercano a la península del Sinaí.

La Guerra de los Seis Días (1967).

Los servicios de inteligencia de Israel decían tener constancia de la existencia de un complot árabe contra su territorio. Anticipándose a dicho ataque, declara la guerra a Egipto, Jordania, Irak y Siria en junio de 1967. Al finalizar la guerra, Israel había conquistado la península del Sinaí, la Franja de Gaza, Jerusalén Este, Cisjordania y los Altos del Golán.

Aunque este conflicto puede observarse a nivel local, también tuvo gran repercusión internacional: estamos en plena Guerra Fría y, curiosamente, Estados Unidos apoyaba a Israel, mientras que los soviéticos proporcionaban ayuda a los ejércitos árabes, en especial, a Siria y a Egipto. Todo esto tuvo dos importantes consecuencias: el crecimiento desmesurado del ultranacionalismo palestino e israelí.



Acuerdos de Camp David (1978-1982).

En 1978 el presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter se sentó a negociar con Egipto e Israel la desmilitarización de la península del Sinaí. ¿Creéis que fue por una ansiada paz que Estados Unidos deseaba? No exactamente. Estados Unidos sí deseaba la paz, pero por la misma razón que en su momento el Imperio Británico deseaba controlar a los egipcios: por el Canal de Suez, que seguía siendo un lugar importantísimo desde el punto de vista comercial.

Evidentemente, la tensión en la zona (ribera oeste controlada por Egipto y ribera este, por Israel) no era deseada por Estados Unidos y propuso a Israel amplios acuerdos, que acabaron con la cesión de la península del Sinaí a Egipto en 1982. A cambio, Egipto no podría tener tropas en la frontera y reconocía el Estado de Israel, lo que le llevó a enemistad con sus colegas árabes (Irak, Irán o Arabia Saudí les acusaron de ser una “marioneta americana”).



Acuerdos de Oslo (1993).

Los presidentes de Estados Unidos, Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP), así como sus ministros de exteriores, logran un acuerdo sobre control de fronteras, tránsito interno, turismo y comercio. Constituyen el principio de lo que debía ser la futura creación del Estado Palestino.

Situación actual.

Desde entonces hasta este momento, sólo se han producido avances mínimos, seguidos de grandes retrocesos. En 2005, Israel cedió el control de la Franja de Gaza a la ANP y en 2012, Palestina fue reconocida como Estado observador de la ONU, con los votos en contra de Estados Unidos, Israel, Canadá, Austria y Panamá, con lo cual la ANP pasó a denominarse “Estado de Palestina”.

Conclusiones.

Querido lector: hemos llegado al final. Sin embargo, debería hacer un ejercicio de memoria para asegurarse que ha entendido la historia completa y que ha comprendido las enseñanzas de la misma. Le ayudaré con varias preguntas.
  1. ¿Cómo comenzó el conflicto? Simplificando: por aspectos económicos y el colonialismo de “escuadra y cartabón” de la época.
  2. ¿Quién contribuyó a liarlo todo más, si cabe? Nuestro amigo Hitler (que tenía que salir en esta historia), al obligar a emigrar a miles de judíos a algún sitio (si no querían ser eliminados).
  3. ¿Quién acabó de embarrar la historia? Las religiones: recordemos que en pleno siglo XXI, esto es un enfrentamiento abierto entre judíos y musulmanes, que ni se aceptan, ni se toleran.




No sabemos cómo acabará la historia, ni siquiera cómo seguirá; lo que está claro es que no merece la pena asesinar por cuestiones religiosas y que hacer los mapas mundiales a golpe de regla acaba teniendo sus consecuencias en forma de malestar étnico y cultura, base de nuevas guerras. Pero, cuidado, que la guerra mueve la economía (cierto personaje histórico afirmó que había que destruirlo todo para volver a ser construido)… Mmmm, entonces… ¿seguimos matándonos para que los que queden tengan más dinero? ¿Lógico?


Piensen ustedes mismos…