domingo, 21 de julio de 2013

Reflexiones estivales desde la Escuela de Verano de CANAE

Estos días he estado en la escuela de verano de CANAE, una organización estudiantil que lleva funcionando desde el año 1987 y con la que tuve mi primer contacto el año pasado, pues participaron en el encuentro ‘Empowerment 2012’ en La Laguna (Tenerife).

Esta organización cuenta con representación en distintos foros relacionados con la educación pública, pero también se encarga de la representación de distintos estudiantes matriculados en los colegios, institutos y universidades privadas. Como nos han reiterado en varias ocasiones: “representamos estudiantes, independientemente de dónde procedan”.

Sin embargo, esto de la representación estudiantil va mucho más allá. El trato que todos recibimos cuando acudimos a las escuelas o actos organizados por esta organización es exquisito. Sólo tengo palabras de agradecimiento. Me siento como en casa, o incluso mejor. Hay personas con una excelente calidad humana; hay personas grandes en todos los aspectos.

No obstante, no escribo esto para que conozcáis a CANAE, sino para que sepáis que su importancia, de esta y de muchas otras organizaciones de estudiantes que, en la actualidad, tienen una función social fundamental en el entramado educativo.

Ayer pasó algo que me hizo reflexionar bastante. En la organización, como acabo de decir cabe todo el mundo y, aunque esto en grandes ciudades y núcleos de población, como el que yo procedo puede ser más que evidente, al menos, en la mayoría de los aspectos, en otros lugares como pequeños pueblos y aldeas perdidos en lo más profundo de nuestro país no queda tan claro. Pondré un ejemplo claro, un ejemplo por el cual reconozco que ayer solté unas lágrimas.

En muchas grandes ciudades, como Madrid, Sevilla, Málaga, en las Islas Canarias, en Barcelona, en Lisboa, en Oporto… casi no existen problemas de discriminación por razones de orientación sexual, pero aquí me he dado cuenta que en pequeños pueblos sí que sigue existiendo una enorme estigmatización hacia el colectivo LGTB; tiene lugar un acoso escolar al que no se debería someter a nadie, sólo por querer a alguien del mismo sexo o por querer a las personas por lo que son y no por su sexo. Es emocionante ver cómo estas personas que se han sentido discriminadas en sus centros educativos llegan a ambientes más abiertos y llegan a ser cómo son, sin esconderse tras máscaras ficticias, tras irrealidades o verdades a medias que no llevan a ningún sitio.

Esto nos demuestra que la educación, la base de la sociedad cura todos los vicios de esta. La educación destruye la ignorancia y, sin ignorancia, nos encontramos con compresión, respeto por los demás, cariño y amor.

He aprendido a amar más de lo que amaba. He aprendido a querer y convivir con compañeros más de los que lo hacía. He aprendido que la diversidad y la libertad nos hacen fuertes. He aprendido que todo eso sólo se consigue mediante la educación.


Hoy sólo tengo ganas de abrazar y besar. Lo grande aquí es que todo el mundo se deja abrazar y besar… ¡¡Gracias a todos!!