Ayer se celebraron en Andalucía los comicios autonómicos y, como siempre que tiene lugar una cita electoral de estas características, se puede extraer muchas conclusiones de lo ocurrido; algunas evidentes y otras que pueden que no lo sean tanto.
Algo muy preocupante desde el punto de vista de la calidad democrática es la participación. Se habla de alrededor de un 40% de abstención, lo cual debe llevar a la autocrítica de todos los partidos y coaliciones que presentaron sus candidaturas. Esto significa que casi dos millones y medio de andaluces que ayer podían votar, no lo hicieron. Entre las causas puede encontrarse la desafección política, no lo dudo, pero también es cierto que parece que, por primera vez en la democracía, el votante de derechas no estaba demasiado movilizado: veían la victoria del PP casi segura y la mayoría absoluta estaba al alcance de la mano, ¿para qué molestar en depositar su voto en las urnas? Pues la respuesta ha sido clara: urnas que no se llenan, otros que deciden por tí.
Otra conclusión que podemos extraer es el voto de castigo al PSOE, que sin duda es bastante importante y que se traduce en una pérdida de unas 200.000 papeletas que parecen que han ido a parar, en su mayoría, a Izquierda Unida. Es cierto que el modelo de sociedad que defienden algunos miembros de este partido en Andalucía está obsoleto. Personajes como Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda y diputado electo por la circunscripción de Sevilla, defiende una economía basada en el reparto de tierras y el desarrollo del mundo rural, un discurso que cala entre el campesinado andaluz pero que no llega al corazón de los habitantes de las grandes ciudades, con una mayor formación, y que miran su discurso como algo ajeno. Sin embargo, nos guste o no, IU es la única alternativa al PSOE en está Comunidad Autónoma y muchos han decidido votar esta formación como voto de castigo a los dos grandes partidos. Ahí va, por tanto, la advertencia: IU debe revisar su discurso y adaptarlo más a la izquierda verde europea, defendiendo una economía basada en la investigación y el desarrollo del conocimiento.
El Partido Popular, por su parte, ha perdido también alrededor de 100.000 votos en estas elecciones y sus mentiras desde que llegaron al poder en el gobierno de España, la ocultación de los presupuestos hasta este próximo viernes y la impopularidad del candidato Arenas en Andalucía, están muy relacionados con esta victoria amarga.
Otros partidos, como el PA parecen desaparecer definitivamente del mapa político andaluz. En sus feudos históricos, como Jerez de la Frontera (Cádiz) quedan relegados a la 5º fuerza, detrás de PSOE, PP, IU y UPyD. Queda claro que, su discurso andalucista, unido a representar una derecha rancia no convence ya a casi nadie.
Mientras, UPyD, sube con fuerza, aunque sigue sin conseguir escaño. Entre los jóvenes, quizás sea el partido más votado por inspirar confianza y aires de cierta renovación, pero esto es claramente insuficiente para llegar al Parlamento andaluz.
Parece pues, que la coalición PSOE-IU gobernará los próximos cuatro años en Andalucía y sólo espero dos cosas: que IU no se venda e intente desarrollar su programa electoral, pero que tampoco pase como en Extremadura, donde su abstención en la sesión de investidura le permitió gobernar en minoría al PP. Sería algo que la mayor parte de su electorado nunca entendería.
Eso sí, algo curioso que sucedió ayer muestra la poca capacidad de autocrítica que tienen los partidos en la noche electoral y ante los medios de comunicación. Ayer nadie perdió: el PP ganó las elecciones por primera vez; el PSOE volvió a revalidar el gobierno de la Junta; IU duplicó sus escaños; y, UPyD subió en número de papeletas. De todos ellos, el único que ganó realmente algo fue Izquierda Unida.