Introducción.
No soy
estudiante de historia. Ni siquiera he pensado nunca estudiar historia. Pero
tengo que reconocer que, ni ahora, ni nunca ha sido posible entender en el
mundo sin saber qué pasó. No es posible saber dónde estamos, si no conocemos
nuestra procedencia. Y me atemoriza no saber dónde estoy. Tal vez por eso me
gusta viajar y saber qué pasó en la tierra que estoy pisando. Lo que vais a
leer es un rápido repaso histórico sobre lo acaecido en el último siglo en
Oriente Medio, desde el concepto global del mismo, es decir, los actuales
territorios de Turquía, Líbano, Palestina, Israel, Egipto, Siria, Irak, Arabia
Saudí, Yemen, Omán, Emiratos Árabes Unidos y Jordania. Nos centraremos más en
algunos territorios que en otros. Y lo hago para qué sepáis, o al menos,
reflexionéis sobre lo que está pasando en la actualidad, y desde hace ya bastantes
años en esos lugares, un polvorín desértico, lleno de petróleo y
geoestratégicamente clave para el comercio mundial. Antes de comenzar esta
historia, no olvidéis en el sistema económico en que nos hallamos inmersos: “lo
más importante es el dinero, por encima de la humanidad” (aunque sin humanidad,
no tiene sentido el dinero). Cogemos una máquina del tiempo. Vamos hacia atrás
en la cuarta dimensión. Comenzamos.
El Imperio Otomano.
1914. El
Imperio Otomano controla gran parte de Oriente Medio y la ribera este del mar
Mediterráneo, que había conquistado el territorio en 1517. Como podéis ver en
el mapa adjunto, ese imperio, cuyo centro político sería la actual Turquía (con
capital en Constantinopla, actual Estambul) se extendía no sólo por toda la
península de Anatolia, sino también por la costa este del mar Rojo y se
adentraba en los actuales territorios de Irak, Líbano, Siria, Jordania y, por
supuesto, de Palestina e Israel. El otro gran Estado de Oriente Medio era
Persia (actual Irán), junto con Arabia, que ocupaba la mayor parte de la
península arábiga.
Primera
Guerra Mundial (1914-1918).
Cuando comenzó
este terrible conflicto, conocido como “la guerra de trincheras”, caracterizado
por la existencia de dos bloques enfrentados a nivel mundial y unos frentes de
batallas tan amplios, que era imposible el avance, el Imperio Otomano estaba en
horas bajas, estaba llegando su ocaso. En otoño de 1914, unos meses después de
su detonante, los otomanos entran en la guerra. Pero, ¿en qué bando? La
respuesta es clara: en el bando de los futuros perdedores; formaba parte de las
conocidas como “Potencias Centrales”, entre las cuales estaba Alemania, el
Imperio Austrohúngaro o Japón.
Llegados a
este punto, es lógico plantearse la siguiente pregunta, ¿qué buscaban los
otomanos al involucrarse en el conflicto? ¿Por qué decidieron ponerse del lado
de las Potencias Centrales? Varias son las razones: en primer lugar, las
relaciones comerciales, pues Alemania era uno de los principales socios
económicos de los otomanos; en segundo lugar, Serbia y Grecia, enemigos de los
otomanos desde hacía tiempo ya estaban en el bando de “Los Aliados”, y Rusia
les apoyaba. Evidentemente, los otomanos nunca iban a estar en el mismo lado
del campo de batalla que los griegos y fue esto, principalmente, lo que
precipitó la decisión.
Hasta ahí
habríamos justificado el por qué la elección de ese bando. Pero, realmente,
¿cuál fue el detonante? Podríamos señalar muchos, pero la principal motivación
del Imperio Otomano en esta guerra era la de recuperar los territorios del este
de Europa que había perdido durante el siglo XIX y dejar así la senda decadente
que venía arrastrando.
Sin embargo,
los otomanos no eran los únicos con fuertes deseos expansionistas. Desde tiempo
atrás, la obsesión del Imperio Británico ha sido la de conquistar el mundo (de
hecho, sólo 18 de los actuales Estados no han sido nunca conquistados por Gran
Bretaña). Un poco más al sur, Egipto era un protectorado dependiente de
Londres, desde 1882, trece años después de la puesta en funcionamiento del
Canal de Suez, la más importante vía comercial entre Asia y Europa a través del
Mediterráneo. Francia no se quedaba atrás y contaba con numerosas colonias. En
definitiva, ambos querían hacerse con el control de la península de Anatolia y
del resto de territorios otomanos, por ser una vía de comunicación y control
clave entre Asia, África y Europa.
Conforme la
guerra avanzó en numerosos frentes, la caída del Imperio Otomano se consumó y
su territorio quedó reducido a lo que hoy es Turquía. Aquí entran en juego los
“repartos” que tuvieron lugar en 1916.
Acuerdos
Sykes-Picot (1916).
Fueron
firmados en secreto entre el Imperio Británico y Francia el 16 de mayo de 1916.
No era más que un reparto de los territorios de Oriente Medio en caso de
obtener la victoria en la guerra. Rusia e Italia los aceptaron posteriormente y
reconocieron la soberanía de estas zonas, que quedaron en manos francesas y
británicas. Si tenéis interés, podéis leer el documento íntegro en http://en.wikisource.org/wiki/The_Sykes-Picot_Agreement
Os hago un
breve resumen de cómo se dividían los territorios en esta época (y casi en
todas, tristemente): se imprime un mapa del territorio, se señalan los lugares
estratégicos y se dividen con regla, escuadra y cartabón. ¿Ahora podéis
entender los conflictos que aparecen años después cuando se dividen las tierras
donde viven personas de diferentes culturas así?
Proseguimos.
Francia se quedó con el norte y, Gran Bretaña con el sur, ya que por temas
comerciales y geoestratégicos le interesaba más, pues quedaba cerca de su protectorado
egipcio, con continuidad geográfica.
Originalmente,
Rusia participa en las negociaciones y pretende quedarse con un corredor que le
daría entrada al Mediterráneo. Finalmente, Rusia acepta el control
francobritánico que, como vemos en el mapa, presenta cinco zonas. El territorio
marcado en marrón es Palestina, que queda en principio bajo control
internacional hasta que, llegado el final de la guerra, en 1918, Gran Bretaña
se hizo cargo de la soberanía de Palestina.
Declaración
Balfour (1917).
Balfour era el
secretario de las relaciones exteriores de Gran Bretaña en 1917, cuando se
envió una carta a un líder de la comunidad judía de este país en la que se
comprometía a crear lo que denominó un “hogar judío” en la “Tierra Prometida”
(denominación de “Tierra Santa” para los judíos). Dicho documento fue apoyado
por Estados Unidos.
Unos años más
tarde, Gran Bretaña se dio cuenta del riesgo de inestabilidad que tendría
“colocar” a árabes y judíos en territorios adyacentes. Realmente, a Gran Bretaña
no le importaba que estos dos pueblos o religiones entrasen en guerra, sino las
consecuencias de la misma en el control geoestratégico de la región: en otras
palabras, a Gran Bretaña sólo le preocupaba que una guerra árabe-judía en la
zona entorpeciera las actividades comerciales del eje de comunicación
África-Asia-Europa, que ampliamente controlaban.
Periodo
de entreguerras (1918-1936).
El mapa
político de la región cambia de manera significativa. Por una parte, los
territorios franceses se dividen en dos zonas para facilitar su gobernabilidad:
Siria (al este) y Líbano (una pequeña franja costera, al oeste). La zona más
oriental (kurda) es cedida para unirse con una región más meridional y
británica, formando el actual Estado de Iraq.
Mientras, los
británicos dividen también su territorio: al este queda Irak (que se une a la
zona francesa del norte), al oeste Palestina y, en el centro, Transjordania (la
actual Jordania), separada de Palestina por el río Jordán.
Revuelta
árabe de Palestina (1936-1939).
Cuando Gran
Bretaña tomó el control de esta región, la inmensa mayoría de la población era
árabe (alrededor del 95%). Sin embargo, entre 1920 y 1935, gran cantidad de
inmigrantes judíos llegaron a tierras palestinas de forma ilegal, representando
en 1936 casi el 25% de la población. El gobierno británico no sólo no impedía
la inmigración ilegal judía, sino que la publicitaba y, ante esta situación,
líderes nacionalistas árabes llamaron a las revueltas contra los británicos,
por propiciar lo que llamaban “invasión silenciosa” de sus territorios.
¿Qué atacaron
los revolucionarios árabes? Evidentemente, su objetivo fue lo que más le
doliera al Imperio Británico; en este caso, oleoductos, vías férreas u otros
puestos de interés comercial. Sorprendentemente, ni el ejército británico, ni
el francés intervinieron activamente en el conflicto, en parte porque se
avecinaba la Segunda Guerra Mundial y debían concentrarse en la defensa de sus
territorios europeos.
Segunda
Guerra Mundial (1939-1945).
En 1939, el
Libro Blanco sobre Palestina, aprobado por el gobierno británico limitaba
drásticamente la inmigración ilegal a territorios palestinos por parte de los
judíos y dificultaba la compra de tierras, pero pese a la legislación puesta en
marcha en el último momento, los judíos huían hacia Palestina cada vez de forma
más masiva desde Europa, donde las tropas nazis avanzaban cada vez más,
anexionándose nuevos territorios.
Abandono
británico (1948).
Finaliza la
Segunda Guerra Mundial, se crean las Naciones Unidas y, en 1948, Gran Bretaña
decide abandonar los territorios palestinos, iniciando el descolonialismo. Ese
mismo año, la ONU acuerda que el territorio palestino británico se dividirá en
dos Estados, uno árabe y otro judío, que se repartirán a partes iguales. Además,
Jerusalén quedará bajo control neutral de las Naciones Unidas, que se encargará
de custodiar la zona.
Así pues, en
mayo de 1948 los judíos proclaman la independencia del Estado de Israel. En
cambio, los palestinos, que se sienten defraudados por las potencias
colonialistas, no aceptan el acuerdo y le declaran la guerra al nuevo Estado
israelí dos días después de la proclamación de su independencia, comenzando la
guerra árabe-israelí de 1948. Tras el armisticio de 1949, Israel le arrebata
territorio a la Palestina árabe y Transjordania se queda con Cisjordania. Por
su parte, Egipto aprovecha la oportunidad para ejercer control sobre la Franja
de Gaza, un pequeño terreno cercano a la península del Sinaí.
La Guerra
de los Seis Días (1967).
Los servicios
de inteligencia de Israel decían tener constancia de la existencia de un
complot árabe contra su territorio. Anticipándose a dicho ataque, declara la
guerra a Egipto, Jordania, Irak y Siria en junio de 1967. Al finalizar la
guerra, Israel había conquistado la península del Sinaí, la Franja de Gaza,
Jerusalén Este, Cisjordania y los Altos del Golán.
Aunque este
conflicto puede observarse a nivel local, también tuvo gran repercusión
internacional: estamos en plena Guerra Fría y, curiosamente, Estados Unidos
apoyaba a Israel, mientras que los soviéticos proporcionaban ayuda a los
ejércitos árabes, en especial, a Siria y a Egipto. Todo esto tuvo dos
importantes consecuencias: el crecimiento desmesurado del ultranacionalismo
palestino e israelí.
Acuerdos
de Camp David (1978-1982).
En 1978 el
presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter se sentó a negociar con Egipto e
Israel la desmilitarización de la península del Sinaí. ¿Creéis que fue por una
ansiada paz que Estados Unidos deseaba? No exactamente. Estados Unidos sí
deseaba la paz, pero por la misma razón que en su momento el Imperio Británico
deseaba controlar a los egipcios: por el Canal de Suez, que seguía siendo un
lugar importantísimo desde el punto de vista comercial.
Evidentemente,
la tensión en la zona (ribera oeste controlada por Egipto y ribera este, por
Israel) no era deseada por Estados Unidos y propuso a Israel amplios acuerdos,
que acabaron con la cesión de la península del Sinaí a Egipto en 1982. A
cambio, Egipto no podría tener tropas en la frontera y reconocía el Estado de
Israel, lo que le llevó a enemistad con sus colegas árabes (Irak, Irán o Arabia
Saudí les acusaron de ser una “marioneta americana”).
Acuerdos
de Oslo (1993).
Los
presidentes de Estados Unidos, Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP),
así como sus ministros de exteriores, logran un acuerdo sobre control de
fronteras, tránsito interno, turismo y comercio. Constituyen el principio de lo
que debía ser la futura creación del Estado Palestino.
Situación
actual.
Desde entonces
hasta este momento, sólo se han producido avances mínimos, seguidos de grandes
retrocesos. En 2005, Israel cedió el control de la Franja de Gaza a la ANP y en
2012, Palestina fue reconocida como Estado observador de la ONU, con los votos
en contra de Estados Unidos, Israel, Canadá, Austria y Panamá, con lo cual la
ANP pasó a denominarse “Estado de Palestina”.
Conclusiones.
Querido
lector: hemos llegado al final. Sin embargo, debería hacer un ejercicio de
memoria para asegurarse que ha entendido la historia completa y que ha
comprendido las enseñanzas de la misma. Le ayudaré con varias preguntas.
- ¿Cómo comenzó el conflicto? Simplificando: por aspectos económicos y el colonialismo de “escuadra y cartabón” de la época.
- ¿Quién contribuyó a liarlo todo más, si cabe? Nuestro amigo Hitler (que tenía que salir en esta historia), al obligar a emigrar a miles de judíos a algún sitio (si no querían ser eliminados).
- ¿Quién acabó de embarrar la historia? Las religiones: recordemos que en pleno siglo XXI, esto es un enfrentamiento abierto entre judíos y musulmanes, que ni se aceptan, ni se toleran.
No sabemos
cómo acabará la historia, ni siquiera cómo seguirá; lo que está claro es que no
merece la pena asesinar por cuestiones religiosas y que hacer los mapas
mundiales a golpe de regla acaba teniendo sus consecuencias en forma de
malestar étnico y cultura, base de nuevas guerras. Pero, cuidado, que la guerra
mueve la economía (cierto personaje histórico afirmó que había que destruirlo
todo para volver a ser construido)… Mmmm, entonces… ¿seguimos matándonos para
que los que queden tengan más dinero? ¿Lógico?
Piensen
ustedes mismos…