22 de junio de 2013.
Han pasado ya dos años desde que
todos nosotros terminamos las pruebas de acceso a la universidad. Faltan dos
años para que estemos en las mesas de la cena de la graduación de la primera
promoción del Grado en Biomedicina Básica y Experimental.
Si algo puede definir nuestros
estudios en el sentido más amplio de la palabra es la heterogeneidad.
Los alumnos somos heterogéneos. A
algunos nos interesan más los detalles moleculares. A otros les apasiona la
ingeniería biomédica. Otros tienen pasión por los aspectos más clínicos y
buscan una visión más general del paciente. Y ciertos privilegiados han logrado
excitarse tanto por los detalles moleculares, como por el conjunto y son
capaces de ir de un sitio al otro con la más absoluta libertad.
Son heterogéneos los docentes.
Hemos escuchado de todo y para todos los gustos. Para algunos, somos simples
ratas de laboratorio. Otros nos consideran bioquímicos especializados. Algunos
piensan que estamos en la frontera entre la Medicina, la Biología, la Farmacia
y la Física. Para otros somos una firme esperanza de futuro y esperan milagros
de nosotros dentro de unos años.
Me hago entonces una pregunta:
¿se nos conoce? La respuesta es NO. ¿Qué experimento hemos hecho para saberlo?
Simple. Todos los que estáis leyendo esto habéis tenido la siguiente
conversación con familiares, amigos o con un señor que os encontréis en el
autobús.
+ ¿Y qué estudias?
. Biomedicina.
+ Ah, Medicina, ¡¡qué bien!!
. No, no. BIOMedicina.
+ Ah, ¿y eso qué es? ¿Tiene
salidas?
Y entonces es cuando nos quedamos
pensando hacia lo más profundo de nuestra región cortical: “buena pregunta, ¿tiene salidas?”. Si
pretendes trabajar en España, la respuesta es NO. ¿A alguien le queda dudas de
que nuestro futuro no está en este país? Escuchando al actual gobierno queda
claro: el objetivo no es construir una gran potencia investigadora.
¿Nos recuperaremos de la crisis
económica? Por supuesto que sí. Pero, ¿os acordáis cuando nos decían que
estudiábamos historia porque siempre se repite? Nosotros sí que lo recordamos,
pero algunos de nuestros políticos, aquellos que nos intentan llevar a un nuevo
‘ladrillazo’, no tienen memoria.
Por eso propusimos un BMIR, al
estilo de las residencias que ya se hacen en otras carreras y, si queréis mi
más sincera opinión, no va a salir bien. ¿Soy pesimista? No, sólo intento ser
realista. Aquellos que recortan en becas, aquellos que llaman vagos a los
médicos que se manifiestan en defensa de la sanidad pública, aquellos que
sueñan con una educación de primera y una de segunda… ellos son los que nos
gobiernan.
Están condenando a miles de
jóvenes a la emigración. Hace unas semanas leía que se marchan doce mil
licenciados en Medicina cada año. Dado que se ha invertido, de media, unos
doscientos mil euros en su educación, hemos perdido 2.400 millones de euros en
doce meses. Les doy mi enhorabuena. Se van los mejores. Lo peor está todavía
por llegar si siguen así.
Todo esto viene a justificar
aquello que os decía del BMIR. Sueño con que se ponga en marcha un programa de
residencia en España, con las mismas especialidades médicas, pero dedicadas a
la investigación, pero no seré iluso. Sé que no lo harán. Sus deseos de que
seamos precarios, mano de obra barata y manipulables están muy por encima del
avance científico que debería primar.
Pero tranquilos. Viene la parte
optimista de este mensaje. Afortunadamente, España es un pequeño punto en
nuestro mundo. Las comunicaciones son más ágiles que nunca, y en unos años, el
avance en este sentido será todavía más importante. La globalización tiene sus
ventajas y esta es una de ellas. Me siento ciudadano del mundo y creo que todos
deberíamos sentirnos libres para marchar más pronto que tarde de aquí.
Cuando entré en esta carrera ya
lo tenía claro. La pregunta no es ‘¿acabaremos trabajando fuera de España?’. La
gran cuestión es ‘¿dónde estará mi mejor amiga o amigo dentro de seis años?’.
Creo que no es necesario siquiera
señalar lo importante que es desenvolverse en varios idiomas. No lo dejéis para
más adelante. Y, cuantos más, mejor. ¿Inglés? Sí, pero si podéis francés,
alemán o japonés, también. ¿Hace falta dinero para aprender un idioma? No necesariamente.
Hay que ponerle ganas y dejar la vergüenza en casa al hablarlo. Es cierto eso
que dicen: la perfección no existe. Tendréis seguridad cuando llegue el momento
en que no sea necesario traducir en tu mente lo que estás diciendo.
Siempre podemos caer en la
tentación de pensar en hacerlo más adelante. Pero no os engañéis. Es necesario
que sea ya. Y con esfuerzo, sí, pero pensad en las puertas que se abren. ¿No es
maravilloso?
Así pues, ánimo a todos mis
compañeros. Sé que estamos ya muy cansados, pero sólo faltan 12 días para
llegar al ecuador del Grado.
Mucha suerte con los exámenes.
¡¡Ánimo!! Juntos podemos.
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