Llegó el día de la República y
nos enteramos de la gran noticia que se había producido: el Rey se había
accidentado en un lejano país africanos entre cacerías entre ilegales e
inmorales y asuntos supuestamente enmarcados en su agenda privada. El día que
escogió pudo ser una gran casualidad, pero constituye, sin duda, una ironía que
llenó de pancartas que aludían al incidente todas las manifestaciones a favor
de la III República que recorrían masivamente ese sábado las calles españolas.
Nos hemos enterado ahora y por
casualidad que el monarca Borbón es aficionado a asesinar elefantes indefensos
en países donde la legislaciones es escasa y, no sólo esto, sino que esa
actividad sale del bolsillo de todos nosotros: a los estudiantes se nos asfixia
económicamente disminuyendo las becas o anulándolas, mientras que a otros
señores privilegiados, les pagan sus “excursiones” y safaris con dinero de las
maltrechas arcas del Estado.
Decía el señor Rubalcaba esta
mañana en la televisión pública (que también quieren privatizar) que no
comentaba las actividades privadas del Rey por el simple hecho de ser privadas.
Si de hecho lo son, ¿saben ustedes cuál es el problema? Que la financiación de
esas actividades también debería de ser privada, pero, no, se me olvidaba, la
financiación resulta ser pública… ¡qué lástima!
Justo por ese motivo nos cabe
exigir a todos los ciudadanos que se aclare todo este asunto tan turbio que envuelve
a la Casa Real, una de las instituciones más corruptas desde su creación que creíamos
que había hecho un cambio a partir de la Transición, que ha resultado ser poco
más que un mal lavado de cara.
Afortunadamente, ya la abdicación
no sólo se pide desde las filas de los de siempre: ya escuchamos también y por
fortuna a algunos del PSOE pedirla. Lástima que no sean los de la cúpula, sino
las bases rebeldes del partido y los representantes principales de la cúpula de
estos pocos rebeldes.
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