lunes, 9 de abril de 2012

¿Trabajando a los ochenta?


Es cierto que prometimos hablar antes de estas vacaciones sobre la Semana Santa sobre estas fiestas tan religiosas que se siguen celebrando en España por no otro interés que el económico y el turístico, pues la fe en la Iglesia ya parece haber sido perdida por los ciudadanos de este país hace tiempo, especialmente por parte de las nuevas generaciones.

No obstante, dejemos este debate interesante, sin duda, para otro día. Me apetece mejor hablar sobre una noticia que leí este pasado fin de semana en un conocido periódico portugués que no me dejó nada indiferente.

El debate surgió en España hace tiempo, cuando el anterior gobierno del presidente Zapatero decidió subir la edad de jubilación en dos años, hasta los 67. Ahora, el gobierno portugués lleva la medida más allá aún: no sólo quiere aumentar la edad de retiro hasta los 70 años, sino que además pretende prohibir la jubilación anticipada, que ahora es legal a partir de los 55 años y, por si fuera poco, aquellos que además, quieran trabajar más allá de los 70 serán incentivados con hasta un 15% de salario extra.

A algunos estas medidas les podrían parecer adecuadas en un contexto como el actual y en un país que, como Portugal, no tiene casi capacidad propia de pagar las pensiones a sus jubilados. Sin embargo, esta es una solución a muy corto plazo que incrementa los problemas en un futuro y de una manera muy grave.

En primer lugar, la consecuencia más clara es inmediata: los jóvenes tendrán aún más dificultades para encontrar su primer trabajo, porque todos los puestos estarán ocupados por personas de avanzada edad. El paro aumentará exponencialmente en un plazo no demasiado grande de tiempo.

Pero la segunda consecuencia, más difícil de deducir, se deriva de la productividad: los mayores, más cansados, menos motivados en sus trabajos son claramente menos productivos que cualquier empleado joven e ilusionado, con ganas de darlo todo por su empresa o puesto de trabajo. Si la productividad de un país cae de una manera tan significativa, la economía se hunde cada vez más en el abismo.

Por tanto, esperemos que nuestros vecinos, los políticos portugueses no tomen estas medidas tan perjudiciales a largo plazo para sus ciudadanos y, sobre todo, tengamos confianza en que nuestros “ilustrados” políticos europeos no intenten imitarlas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario